Monday, September 23, 2013

Las serenatas son con taquirari, rock y house



Santa Cruz recibirá serenatas de sus hijos al celebrarse 203 años del primer paso hacia su liberación del yugo español.
Como a las viejas usanzas, en el escenario principal de Expocruz se escucharán las voces y guitarras del Trío Tradición, Lucía Belén y Fátima Trujillo, Alenir Echeverría, Trío Oriental, Ester Tardío y Aldo Peña (ver cartelera ferial).
Sin embargo, la mayor atención se la llevará la actuación de Arminda Alba, que regresa a un escenario cruceño después de 28 años. La cantante ya demostró en canales de televisión que su voz está intacta, aquella que eternizó Paica en Carnaval, El carretero, Cuando muera el Carnaval, Al buri me voy, entre otras canciones emblemáticas del cancionero oriental.
Noche de buri
El grupo paraguayo Los Verduleros tocará hoy en la discoteca Karma, donde interpretará sus éxitos Los solteros, Que pase lo que pase y Onda free (Bs 100). En el hotel Buganvillas amenizará el grupo cochabambino Plan B y el paceño Veneno (Entrada: Bs 70).
En Long Play estarán las orquestas Awa CK y The Cover. La Naranja Mecánica, Fuego Latino y Gastón Soza (ex-América Pop) llegarán a Warnes para actuar en el centro de evento Stilo (Bs 30).
Los Reciclados se instalarán en Estación Rock, el boliche del Shopping Bolívar # 160 (Bs 25). El DJ Octavio Souza mezclará en Basha lounge, ubicado en la calle Independencia # 500 (ingreso libre). El grupo Sociedad Anónimo irrumpirá en Black Mount Pub, el boliche ubicado en la calle Platanillos esquina Cañada Strongest, para ofrecer un tributo a los Auténticos Decadentes y Los Pericos (Bs 30). Y finalmente, Los Salmones armarán un buri épico en San José de Chiquitos, cuna de la cruceñidad.
Estas son las opciones para celebrar que somos un pueblo libre

Sunday, September 22, 2013

Coronación reina de Santa Cruz

Este 23 de septiembre regalaré a los cruceños una maravillosa noche abocada a mi bella Santa Cruz, bajo la temática cultural “Esto puej es lo nuestro”, comentó la bellísima soberana de los cruceños, la número 30, quien será coronada a orillas del parque El Arenal por nuestro honorable alcalde municipal, Percy Fernández Áñez.


Detalles. Como era de esperarse, en la coronación de “Mili”, los principales protagonistas serán nuestros típicos detalles, como ser carretones, tinajas, trapiches y motacuses, mismos que se verán representados en los tocados de las simpáticas 20 damitas. Al escenario principal subirá la Orquesta Sinfónica Juvenil, que acompañará a “Mili” en la interpretación en violín del “Viva Santa Cruz” y “Alma Cruceña”.

Friday, September 20, 2013

Juegos populares perduran pese al avance tecnológico

Pese al avance de la tecnología en estos últimos tiempos, en Santa Cruz todavía se mantienen los juegos típicos de antaño, aquellos que han ido pasando de generación en generación como una herencia de la cultura camba. Uno de los personajes que conserva los juegos tradicionales es don Elio Coronado Arteaga, conocido artísticamente como el camba "dicharachero", quien ve con mucha preocupación el poco interés de los niños y jóvenes por mantener la tradición cruceña.

En las provincias, rescatan las tradiciones cruceñas. Debido al poco interés de los niños y jóvenes por mantener las tradiciones, don Elio Coronado junto a otras personas que se dedican a conservar y difundir los juegos populares, los fines de semana suelen asistir por invitación o por iniciativa propia a los municipios y provincias del departamento donde todavía hay espacios para promover la cultura cruceña. El enchoque, la tarasca, el jocheo, juego del chivo, el palo ensebao, el juego del pejichi, la tinaja con peto, la taba, el topo, el trompo, son algunos de los juegos promovidos por don Elio Coronado y personajes artísticos, como el Camba Calucha, el Camba Aguilillo y el Cambita Suertudo.

“Los juegos típicos tienen que seguir preservándose porque si traemos de afuera vamos a perder la identidad de los pueblos orientales, porque encierran una tradición de la Santa Cruz de ayer”, comenta el "Camba Dicharachero".

Él dice que antes los muchachos eran muy ingeniosos para elaborar los juegos, debido a que no contaban con la facilidad de ir a comprar al mercado o importar de otros países.

Santa Cruz cuenta con 15 provincias y cada lugar tiene las formas de expresar su manera de hablar, su música, sus coplas, sus danzas. En los lugares donde más practican en la actualidad los juegos típicos o artesanales son en la Chiquitania y en el norte cruceño, dice don Elio Coronado. Lo cierto es que el avance de la tecnología y la incorporación de juegos electrónicos y de internet están desplazando a los juegos tradiciones, muy venido a menos en los últimos años en Santa Cruz de la Sierra.

En el Senado
Declaran patrimonio símbolos cruceños

El pleno de la Cámara de Senadores declaró ayer Patrimonio Cultural a símbolos y regiones tradicionales de Santa Cruz, en conmemoración al 203 aniversario de la gesta libertaria, informaron fuentes legislativas. En primera instancia, la Cámara Alta aprobó en sus estaciones en grande y detalle la declaración de Patrimonio Cultural Material del Estado, al monumento Cristo Redentor, ubicado en el Segundo Anillo de la ciudad de Santa Cruz. Ese monumento es uno de los símbolos más importantes de Santa Cruz y fue labrado en bronce en la ciudad de La Paz por el cochabambino Emilio Luján y llevado a su destino con recursos recaudados por las damas cruceñas./ABI

Típicos

El Enchoque. Son dos piezas de madera de diferentes formas de 30 y 50 centímetros, compartido en dos cuerpos. Es un juego conocido mundialmente pero de diversas formas.

El topo, Es un manojo de pluma envuelto con una mazorca (manojo de trapos). Esto se juega como jugando pin pon, el juego consiste en no dejar caer el topo.

El trompo. Es un pedazo de madera, se lo envuelve con una pita y se lo lanza para que baile, también se puede jugar con moneda o a los quiñates.

La tinaja con petos. Son tres tinajas, a una le ponen peto a la otra agua y a la última le ponen dulces, al participante le colocan una venda a los ojos y le dan vuelta para desorientarlo.

Wednesday, September 18, 2013

Milenka Zankiz, con alma cruceña

Su padre, Miguel Zankiz es muy crítico de los certámenes y concursos de belleza, pero aceptó la designación de su hija Milenka por la fusión de cultura y belleza que Pippo, peinador de reinas, logra con el título de la reina de Santa Cruz.

Milenka jamás imaginó ser una soberana porque toda su vida se la pasó estudiando música junto a sus hermanas, María Cristina y Silvana, con las que integra el emsamble de cuerdas Zípoli, el elenco de la Familia Pizzicati y la Orquesta Sinfónica Juvenil.

Milenka no puede con su amor a las cuerdas del violín y a la tierra que la vio nacer. El día de su coronación, el próximo lunes 23, a las 21:00, regalará su belleza en el parque El Arenal y pretende encantar, a través de su violín, con las melodías de Alma cruceña. Enfundada en un vestido blanco hecho por Raquel Barahona y, desde luego peinada por Pippo, le dará una serenata a Santa Cruz.

“Me encanta Viva Santa Cruz, pero esta es una de mis letras favoritas y con la que más identifíco a mi tierra”, añadió.
Con motivo los 30 años de la organización del evento, el lema será Esto es puej lo nuestro, las princesas vestirán de tipoy con detalles como el sombrero de saó y el baquitú


Monday, September 16, 2013

Ayni refuerza el saber ancestral en agricultura



“Levantamos la autoestima y la participación de la mujer porque tiene los mismos derechos que los hombres”, asegura Willy Rolando Cory, responsable del área de agricultura de la Asociación Civil Ayni. Capacitan en temas agrícolas, rescatan saberes ancestrales para eliminar plagas y distribuyen a las mujeres semillas certificadas.

Antes, ellas se resistían a recibirlas porque no se sentían con la capacidad de aportar a su familia. Después de ocho años de trabajo no sólo la producción agrícola ha mejorado en siete comunidades del municipio de Mecapaca, sino las capacidades de las mujeres también. “Dotamos de semilla certificada de papa, capacitamos en el cultivo, en el control de plagas, gorgojo y polilla”, señala Cory. Un quintal de semilla sirve para cosechar entre ocho y 15 quintales, “pero deben guardar semilla para sembrar al siguiente año”.

Cory detalla que existe una decena de prácticas agrícolas para controlar plagas sin utilizar agroquímicos. “Éstas se usan cuando ya nada más se puede hacer”, subraya el agrónomo.

Entre las técnicas culturales están el preparar la tierra a su debido tiempo. “Remover en esta época la tierra para sacar al gorgojo que está en su etapa más débil y que son alimento para las águilas y las marías”, explica. También se puede aporcar, levantar la tierra entre surcos, y poner barreras vivas con tarwi, izaño o papalisa. “Las plagas vienen de una parcela de papa y pueden avanzar más de cinco kilómetros. Pero al gorgojo no le gustan otros tubérculos y al no encontrar papa se va a otro lado. En realidad es una trampa”, explica Cory sobre la técnica.

“Papa nomás vendemos en esta época”, afirma Wilma Patty de Collana, miembro de la asociación de mujeres denominada Flor de Tuna. Allí están los más grandes tunales de La Paz, cuya fruta se disfruta hasta junio. Venden tuna en la calle Viluyo y papa, oca, verduras y hortalizas en la calle Boquerón. Ambas, aledañas al mercado Rodríguez.

El precio de la papa de estas comunidades era de Bs 20, sin embargo en los mercados Rodríguez y Chasquipampa las obligan a vender en Bs 35 o les quitan espacios. No les queda otra opción, pero cuestionan que bajan sus ventas.


Sunday, September 15, 2013

El legado del sombrero valluno

Moda colonial. La indumentaria de la chola creó una identidad que hasta ahora se mantiene en la memoria colectiva; entre las piezas más importantes está el sombrero de copa alta, que tiene un legado que preservar.

Lejos quedaron las escenas cotidianas, donde cual palomas blancas sobrevolando las cabezas de las damas cochalas, centenares de sombreros de ala ancha, copa alta y cinta negra despuntaban en el valle cochabambino.

Una chola elegante no sólo tenía que preocuparse porque la pollera de tres o cuatro paños, el saco de encaje fino y las mantas combinen a la perfección, sino también en adquirir un buen sombrero, elegante, fino y sobre todo de su región.

El atuendo de la chola se destacaba por el contraste de los colores, que de una u otra manera revolucionaron la moda de esta clase social; pero el sombrero siempre el mismo, creando así una identidad regional y cultural de Bolivia.

Una identidad que perdura en el tiempo y que se convirtió en símbolo departamental.

LLEGADA DEL SOMBRERO


Wilfredo Camacho, investigador sociocultural, afirma que el sombrero de la chola cochabambina es un ícono de la mujer del valle, pero aclarando que este accesorio no era originario.

“Los originarios de estas tierras no usaban sombreros, su vestimenta estaba completa con un paño en la cabeza, este objeto los protegía del sol y del frío. Con la llegada de los colonizadores se procedió a un despojo de tierras y también de identidad e indumentaria”, asegura Camacho.

De igual manera Wilfredo Camacho asegura que esto fue casi una imposición pues el Virrey emitió un decreto en el cual prácticamente prohibía el uso o empleo de la indumentaria originaria. Prohibición que dio paso al mestizaje.

Este mismo hecho es valorado por el doctor en Antropología José Antonio Rocha, decano de la facultad de Ciencias Sociales y Antropología de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), quien asegura que el sombrero llegó a estas tierras de manos de los españoles, más o menos entre los siglos 17 y 18, y que la población sufrió una mestización.

“Muchos indígenas cambiaron a esta nueva forma de vestimenta debido a que algunos buscaban tener mayor estatus y el sombrero se convirtió en una práctica muy peculiar en la zona del altiplano y los valles”, aseguró Rocha.

Así paulatinamente la vestimenta originaria fue reemplazada por la moda del mestizaje; que a su vez trajo consigo el surgimiento de artesanos, quienes diversificaron su mano de obra con la confección de polleras, sacos, mantas y por supuesto sombreros.

Era de imaginar que la ropa española era demasiado cara y por ello los cochabambinos se las ingeniaron para poder obtener trajes similares y a menor costo; y claro que el sombrero también tenía que correr la misma suerte.

De acuerdo a la revista electrónica Somos Sur es en este periodo que se empieza a acuñar el término de “cholo”, una conceptualización que se maneja desde la sociedad colonial.

Surge como una definición de aquella persona que se traslada a la ciudad o también cuyo origen procede de la mezcla de un español con un originario y que cambia sus costumbres, sus hábitos de alimentación, de vestimenta, sin perder contacto con su cultura original; y transitando entre el mundo criollo urbano occidental, pero al mismo tiempo vinculado con sus orígenes rurales e indígenas y entre ellas el tipo de vestimenta.
CONFECCIÓN de antaño

Es así como los artesanos comenzaron a especializarse en la fabricación de la ropa para los mestizos.

El proceso de fabricación del sombrero de chola no se iniciaba y terminaba en un solo artesano, sino que se repartía el trabajo entre dos. Uno que tejía en hilo la base del sombrero y luego el armador le daba la forma final.

Para el tejido del sombrero se utilizaba hilo de algodón. El artesano tejía dando una forma de cono romo invertido hasta llegar al tamaño deseado, con un punteado muy fino. De principio a fin el sombrero era tejido en una sola pieza, llamada “fuste”.

Este fuste se introducía en el molde, -hay que aclarar que cada molde era único, y estas variaban tanto en tamaño como en forma-, jalando de un lado a otro.

Una vez realizada esta actividad, con ayuda de un trapo húmedo y una plancha caliente se iba dando forma, al tejido de hilo sobre el molde, poco a poco el fuste adquiría la forma del molde. Como último paso se repasaba con cola, a la cual se agrega tiza y azufre.

Esta mezcla es la que le da la dureza. Un proceso que se repite dos y hasta tres veces, se calcula que se utilizaba hasta dos kilos de goma.

Esta mezcla le otorgaba el peso y la contextura final. El sombrero debía secarse un par de días o más dependiendo el clima; pero, antes de llegar a la cabeza de la propietaria el sombrero debía ser pulido y tener una cinta negra.



Tipos y formas

Tradicionalmente las cholitas sabían qué tipo de sombrero tenían que hacerse confeccionar, puesto que éstos variaban de acuerdo a la región.

De acuerdo a José Antonio Rocha la altura de la copa y el ancho del ala variaban, en la zona de Arani la copa era mediana y el ala era ondulado; por el contrario en Cliza la copa era alta y el ala plana.

Otra de las variantes era Cliza donde se empleaba el sombrero de chola con copa plana, mediano tamaño y ala ancha.

Además de ellos existía el sombrero lechero, el cual era de mayor tamaño. Y así cada región fue creando su propio estilo de sombrero el mismo que se utiliza en invierno y verano.
USOS Y COSTUMBRES

El sombrero “qhochala” no solo tenía el objetivo de proteger del sol y de los cambios climáticos, sino que existía toda una cultura detrás. El primer dato revelado era la procedencia de la cholita en cuestión, puesto que la forma e incluso el tono del color del sombrero podía revelar el origen de la dama.

El segundo era la información del estado civil de la dama, que era revelado al colocar el sombrero con inclinación al lado izquierdo o derecho.

Al lado izquierdo significaba que la cholita era soltera; pero si estaba a la derecha la dama era casada.

El tercer dato era ver si la muchacha en cuestión estaba soltera y si estaba dispuesta a ser cortejada por el caballero. Si se dejaba robar el sombrero, era positivo. Cuando la cholita recuperaba su sombrero tenía que simular algunas muestras de molestia e incluso dar un golpe suave para dar inicio a la relación.

Por otra parte la calidad del sombrero de chola y la cantidad de ellos era sinónimo de estatus social, pues no todas tenían la economía para adquirir un sombrero para cada fiesta o tener dos de diario. Más aún si se trataba de un evento significativo para la comunidad, como un matrimonio.

“Las cholas eran muy coquetas y su estatus social lo demostraban en sus prendas de vestir y claro que las mejores galas en ropa tenían que estar acompañadas por sombreros nuevos”, asegura José Antonio Rocha. En cambio las clases sociales más humildes solo contaban con dos sombreros, uno de fiesta y otro de diario, si tenían suerte.
Etapa actual

En la época moderna es muy raro poder apreciar a las cholitas adornando su cabeza con sombreros tradicionales de ala ancha. En algunas comunidades rurales todavía se puede tener la dicha de observar esta indumentaria y las damas conservan sus sombreros y lo atesoran como una joya; pero en la ciudad la situación cambió drásticamente. Ya no se puede evocar aquella imagen de antaño.

De acuerdo a José Antonio Rocha uno de los problemas podría ser el aspecto económico, puesto que la nueva generación ha cambiado el tradicional sombrero de copa por los sombreros plásticos, de procedencia china, los mismos que cuestan barato.

Aunque son retocados de manera artesanal para emular los tradicionales; además sustituyeron la cinta tradicional por una flor sintética.

Wilfredo Camacho y su agrupación sociocultural aseguran que tienen varios proyectos para revalorizar el uso del sombrero de chola “qhochala”; y así vuelva a tener el brillo y la importancia de antaño.

Sunday, September 8, 2013

Yapuchiris, armonía con la tierra



Los animales, las plantas y los astros, con su comportamiento y posición, dan señales a los yapuchiris con las que éstos puedan pronosticar los fenómenos naturales que se avecinan y cómo afectarán a sus cosechas.

Yapuchiri, en femenino o masculino, es la figura ancestral aymara que se encarga de informar a su comunidad de cuándo hay que hacer la recolección previendo las lluvias, sequías y heladas que pudieran manifestarse, para así obtener una mejor producción. Si bien a lo largo de los siglos y durante la colonia, la figura del yapuchiri se perdió, desde 2005 diversas comunidades del altiplano, con el apoyo de la organización no gubernamental Promoción de la Sustentabilidad y Conocimientos Compartidos (Prosuco), están revalorizando los conocimientos de estos sabios agricultores precolombinos.

Cuando aún no había cumplido los diez años de edad, Félix Yana, que ahora tiene 53, aprendió de su padre que la siembra debía comenzar cada 3 de mayo. Así lo hacen en Achacachi, de donde es él. Pero, si bien Félix pone en práctica estos conocimientos, muchos comunarios los han olvidado y están en desventaja a la hora de producir. “Mi comunidad cultiva semilla de papa y muchas veces nos enfrentamos a la falta de lluvia. Cuando la gente no comparte sus saberes y cada quien se las arregla como puede, hay un gran problema que causa pérdidas en los cultivos. Para evitar esto estamos los yapuchiris”, afirma. Él es el actual presidente de estos sabios de la región altiplánica del norte de Bolivia, y ha transmitido su sabiduría a sus siete hijos, además de a todo aquel que ha querido aprenderlos.

Reflexiona sobre la vida en el área rural. Explica que la tendencia entre la juventud es dejar las comunidades para migrar a la ciudad o a los talleres de costura de Argentina y Brasil, lo que despuebla el campo. “Ya casi no hay jóvenes. La mayoría somos adultos de más de 50 años. Sólo restan los chicos que están en los colegios. Los yapuchiris queremos que sepan que hay esperanza en el área rural”, dice, con la mirada perdida en el horizonte.

Silvio Huarachi (29) es uno de aquellos jóvenes que dejó su comunidad, pero que optó por revalorizar sus raíces, volver y entregarse al sueño de ver florecer los cultivos en el altiplano. “Hace cinco años me fui a Argentina a trabajar en un taller. Allí le di valor a todas las bondades del campo, como el aire limpio, la tranquilidad, los alimentos naturales y la felicidad de producir en el lugar que te vio nacer. Por eso he decidido ser yapuchiri, que significa ser el mejor agricultor”, cuenta, enérgico. Es padre de dos niñas, labora en el campo con su esposa y también ayuda a sus progenitores.

A esta historia contribuyen las palabras de Eleodoro Baldiviezo, responsable de fortalecimiento organizacional, gestión del riesgo agroclimático de Prosuco y agrónomo. Es él quien conduce el coche durante el viaje que emprende hacia Patacamaya con el equipo de Escape para mostrar los proyectos que desarrollan allí estos agricultores ancestrales. “La figura del yapuchiri fomenta el desarrollo humano en las comunidades y trata de recuperar los saberes milenarios de los abuelos. No es casual que las culturas antiguas nos hayan dejado diversidad de conocimientos”, explica Eleodoro sin despegar la vista del volante.

Rememora los años 90, época en la que el altiplano se vio más afectado por lo efectos de la Revolución Verde —importada por los gobiernos de aquel entonces, por organismos no gubernamentales y por agencias de cooperación— que, más que beneficios, trajo el deterioro y la erosión de los suelos, reflexiona.

“Siempre el altiplano ha sido considerado inviable para el desarrollo agropecuario y su agricultura ha sido catalogada como de subsistencia. Ante ello recibió el modelo de la Revolución Verde, basado en mejorar las semillas genéticamente. Esto ha afectado a la conservación de la biodiversidad. Les enseñaron a los campesinos a utilizar agroquímicos que, en vez de ayudar, han provocado que los suelos no sean productivos”.

Otros impactos negativos de este proceso fueron la dependencia que tuvieron los productores de las semillas importadas, los problemas de salud y daños en el entorno causados por los pesticidas, así como una injusta distribución de ingresos para los campesinos.

Prosuco, a través de HELVETAS Swiss Intercooperation, decidió formar recursos humanos y potenciar los métodos, conocimientos y saberes de tiempos milenarios que se estaban perdiendo, descartados por la “modernidad”, para resarcir estos daños.

“Tenemos un total de 236 yapuchiris como brazo técnico asociados en la Federación de Unión de Asociaciones Productivas del Altiplano (Funapa), que están en las comunidades en las que trabajamos, en las provincias Omasuyos, Los Andes, Ingavi y Aroma. Todas estas personas han sido capacitadas en talleres y han intercambiado y sociabilizado sus conocimientos en el agro para el bien común de sus poblaciones”, explica Eleodoro.

Félix agrega que muchos agricultores piden la mecanización de la labranza con tractores, pero que no siempre este tipo de tecnología es una garantía para una buena cosecha, ya que mucha gente alquila un tractor, pero el problema es que no lo tiene disponible después de la época de lluvias, cuando aún hay humedad en el suelo, requisito idóneo para sembrar. “Esto afecta a la semilla, más aún si hay sequías dramáticas, por lo que debemos apoyarnos en técnicas milenarias para sobrellevar los problemas”, indica el experto.

El aumento de la temperatura

Como buen ingeniero agrónomo, Eleodoro se apasiona con el tema agrícola y sigue hablando de las dificultades que puede atravesar un pequeño productor. Saca a relucir dos aspectos importantes: el calentamiento global y la seguridad alimentaria. “Una cosa que han hecho los yapuchiris es recuperar el sistema de pronósticos. Ellos nos han convencido de que se puede predecir el tiempo, a pesar de que todo se desordene con el cambio climático, y saber cómo va a ser la siguiente campaña. Hasta con siete meses de anticipación saben si va a ser un año lluvioso, seco o de helada, y así tienen asegurados sus alimentos”, explica. Y, ¿cuáles son esos sistemas de pronósticos? En la comunidad Jocopampa de Patacamaya están las respuestas. “Como yapuchiris estamos observando el comportamiento de los animales, las plantas y los astros, y así sabemos qué año de siembra se nos viene (…). Hay indicadores naturales que son diarios, otros semanales, mensuales, trimestrales o anuales, y nos orientan para saber qué pasa con el clima a pesar del calentamiento global”, explica Moisés Tapia (35), que viste un overol de trabajo.

En cuanto a los indicadores diarios, en Jocopampa se fijan en el comportamiento de tres aves que moran en este sector: el alkamari, la gaviota y el yakilo.

“Si esos pájaros (alkamaris o yakilos) silban por la mañana, nos quieren decir que va a haber un ventarrón. Las gaviotas, cuando se pelean, nos pronostican vientos fríos”, afirma Silvio, quien se ha consolidado como uno de los líderes jóvenes del lugar.

Moisés interrumpe y toma la palabra. “El leke leke es otra ave que nos dice cómo va a ser el año de la cosecha: pone sus huevos por octubre y esto nos avisa sobre las lluvias o sequías de noviembre, diciembre y enero, según dónde los ponga. Si coloca el nido en las orillas del río, habrá meses de sequía, pero si lo ubica en sitios altos, es que se vienen lluvias”, explica.

Las plantas también brindan información a estos sabios agricultores. “La tola, si florece en la segunda quincena de agosto, y hasta finales de mes no hay chubascos, significa que será un año de siembras adelantadas. Si se marchita, quiere decir que viene la helada. Somos observadores”, asegura Francisco Capia (83), quien es aymara parlante, no habla español y es asistido por Moisés y Silvio, que ejercen de traductores.

El Abuelo, como llaman cariñosamente a Francisco los de menor edad, asegura que antes se miraba la Cruz del Sur. “Si en los primeros días de mayo se la observa, esto significa que viene una siembra adelantada; pero, si es visible en los cielos después del 2 o 3 de mayo, es siembra tardía”. En su rostro resaltan las arrugas que reflejan toda una vida en el campo. Añade que “cuando llega la siembra de papa y ves ranitas o sapitos, esto quiere decir que habrá buena cosecha, buen augurio de papa grande”. “Como jóvenes hemos olvidado estos aspectos y los hemos desvalorizado, creyendo que no servían para nada, pero ahora los rescatamos y los conjugamos con saberes occidentales para ser productivos y tener calidad de vida”, opina Silvio.

Los yapuchiris saben que uno de los principales enemigos de los cultivos de papa es el gorgojo blanco del altiplano y, para luchar contra él sin necesidad de usar pesticidas o agroquímicos, realizan preparados naturales que, además, fortalecen los cultivos de las hortalizas. “Cuando ya ha salido la plantita, nosotros fumigamos con biol. Lo hacemos en la comunidad y gracias a él da bien la papa. Se hace con diez kilos de bosta, alfa, chancaca, espinas de pescado molidas, levadura y cáscara de huevo, y lo preparamos para diciembre. Mejora la semilla de la papa, de la lechuga y de la haba”, enumera con los dedos de la mano la yapuchiri Epifanía Silvestre (45). “Si hay un ataque de plagas fumigamos con caldo sulfucálcico, que de igual manera hacemos aquí, y esto previene que se acerquen porque es una mezcla de cal y azufre que hervimos”, añade.

A estos dos productos se suman repelentes naturales preparados con locoto, ajo, cebolla, ruda y k’oa para el control de plagas. Además de ser utilizados en sus sembradíos, también los comercializan para otros agricultores.

Jhonny Lima (38) es también yapuchiri. Explica cómo se hace el abono bocashi: “Para prepararlo recogemos bosta de vaca, greda y levadura, que son elementos naturales, y los mezclamos. Lo dejamos reposar cubierto con nailon y, cada ocho horas, lo removemos. Con esto nutrimos la tierra. Ayuda en el cultivo de hortalizas como la zanahoria, cebolla, acelga, perejil, apio, lechuga, tomate, haba y papa”. Este abono mejora el rendimiento de la tierra, porque muchos suelos están explotados y carecen de algunos nutrientes y microorganismos.

“El abono tiene función de esponja: capta agua. Uno de los problemas en el altiplano es que a los suelos les falta materia orgánica. Hay que poner más abono de lo normal para que lo poco que llueve se almacene”, acota Eleodoro Baldiviezo.

“Queremos compartir con los hermanos estos saberes ecológicos para evitar enfermedades”, dice Sofía Chirino (78), mientras sostiene una papa. Compartiendo unos con otros los conocimientos ancestrales y contemporáneos, mejoran una cualidad necesaria para la humanidad: la de hacer brotar alimentos de la Pachamama.