Monday, July 28, 2014

El Inti Raymi en San Juan y el “aymoray” como año nuevo incaico

Cada 21 de junio se produce el solsticio de invierno en el hemisferio sur del planeta, y en nuestro país desde hace cinco años se celebra el Año Nuevo Aymara o Andino Amazónico, y tres días después, el 24, se festeja el día de San Juan de diversas maneras como en todo el mundo católico. En Cochabamba se realiza una entrada folclórica en la zona sur. En la región amazónica del Perú, donde este santo es su patrono se efectúan diversas ceremonias, como en la noche del 23, cuando la gente se baña en los ríos en la creencia de que sus aguas son bendecidas por él, y que al bañarse obtendrán felicidad y salud para todo el año.

En este mismo día de San Juan también se celebra en el Perú el “Día del Campesino”, y en el Cuzco, antigua capital del imperio teocrático de los incas, se festeja el Inti Raymi que en quechua significa “Fiesta del Sol”, y que en épocas pre-coloniales era celebrado por los incas en honor a esta estrella luminosa que consideraban como su dios principal y padre natural de sus reyes, hermano y esposo de la Diosa Luna o Quilla, madre de sus reinas o Coyas. El Inti Raymi es considerado en los últimos años por algunos autores como el festejo del año nuevo incaico o quechua, que en tiempos pre-colombinos se habría realizado en el solsticio de invierno el 21 de junio, pero fue suprimido en la colonia por los españoles, siendo reemplazado por las fiestas católicas del Corpus Christi y de San Juan.

Otros autores tienen opiniones diferentes. Hay quienes afirman que el actual Inti Raymi cuzqueño es una “tradición inventada”, según el concepto del historiador marxista Eric Hobsbawm, porque no es un festejo incaico que hubiese pervivido en el tiempo, sino un fastuoso espectáculo folclórico que se instituyó con fines sobre todo turísticos en 1944. Ese año, a instancias del indigenista cuzqueño Humberto Vidal Unda, se instauró la Semana del Cuzco, con su Día el 24 de junio, y como evento principal la escenificación del Inti Raymi en base a los Comentarios Reales escritos en Europa en 1609 por el cronista colonial cuzqueño Garcilaso de la Vega, que incluían el sacrificio de muchas llamas arrancándoles el corazón y los pulmones en los que se leían los augurios. Este ritual sangriento fue y es representado de manera teatral y simulada con una sola llama, y más bien que no se lo interpretó según el relato del cronista indígena Guamán Poma, que incluía el sacrificio de 500 niños que se enterraban vivos.

El Inti Raymi se realiza cada 24 de junio, y se elegiría esta fecha porque ya era un día de doble festejo: por San Juan y el “Día del Indio” (hoy, del Campesino), y porque según Garcilaso, era celebrado por los incas “pasado el solsticio de junio”, siendo su fiesta más importante en honor al Dios Sol y a sus hijos los reyes incas. De modo que no era un festejo por el solsticio ni por el año nuevo. Sobre todo, según Vidal Unda, esta fiesta era la más apropiada entre otras para atraer al turismo, porque entonces no llueve en el Cuzco y se halla próxima al Corpus Christi (Vidal de Milla, 1982).

Por otro lado, el antropólogo noruego Tom Zuidema, en su artículo: “De la Tarasca a Mama Huaco”, hizo notar que Garcilaso al describir (imaginativamente) el Inti Raymi cuzqueño que no presenció, le introdujo elementos de las procesiones (carnavalescas) del Corpus Christi colonial, que sí presenció en el Cuzco en su juventud.

Uno e estos elementos era la participación festiva de caciques y delegaciones de las provincias del imperio con “sus mayores galas e invenciones (o disfraces)” y con acompañamiento musical. Lo que observamos, no corresponde al Inti Raymi descrito por Polo de Ondegardo y demás cronistas, que lo caracterizaban aparte del habitual sacrificio de las llamas, por la elaboración de una “gran suma de estatuas de leña labrada de Quissuar (o Quinua), todas vestidas con ropas ricas”, que según Bernabé Cobo, eran quemadas al final de la celebración.

En consecuencia, el actual Inti Raymi sería una tradición reinventada o recreada en 1944 con fines turísticos, y un espectáculo folclórico en el que se escenifica una fiesta incaica en honor al Dios Sol y a sus hijos los reyes incas, con algunos elementos festivos tomados de Corpus Christi colonial.

LA FIESTA DEL AYMORAY COMO AÑO NUEVO AGRARIO INCAICO

El antropólogo Tom Zuidema también indicó que Garcilaso le atribuyo al Inti Raymi una relevancia que no tuvo, porque en realidad la celebración inca más importante era “la fiesta de la cosecha y del nuevo año agrario” o “Aymoray”, que se realizaba el 26 de abril, cuando el sol pasaba por el anti-cenit del Cuzco.

Estas sorprendentes afirmaciones están basadas, entre otros testimonios, en una gran fiesta inca en el Cuzco que fue presenciada y descrita por el cronista Bartolomé Segovia (nombrado antes como Cristóbal de Molina el Almagrista), y que es considerada por Zuidema como una fiesta de la cosecha y no del Inti Raymi de junio como se indica erróneamente.

Segovia puntualizó que la fiesta descrita se realizó en “abril” de 1535, cuando se cosechaban “los maíces y sementeras” y duró “ocho días”; agregando que en el último día el Inca efectuó el arado simbólico de la tierra, acto que es considerado por Zuidema como el inicio del nuevo año agrario incaico.

A esto añadimos que la fiesta presenciada por Segovia era muy diferente al Inti Raymi descrito por Garcilaso y otros cronistas. Porque en ella solo participaban los “orejones” o incas nobles, y se realizaba una serie de procesiones de las momias de sus antiguos reyes desde sus adoratorios al lugar del festejo.

Por otro lado, el jesuita español Arriaga en 1621, citó tres fiestas indígenas importantes que todavía subsistían en el Virreinato del Perú (y que no incluían al Inti Raymi). Una de ellas se realizaba en la época de Navidad, y otra cuando se cosechaba el maíz, que era llamada “Ayrihuaimita” porque en se bailaba la danza “Ayrihua”. Nosotros deducimos que se efectuaba en abril como indicó Segovia, porque este mes según otros cronistas era denominado “Ayriguaquiz” (o mes de Ayrigua). La tercera fiesta era llamada “Oncoy mita” y se efectuaba cuando las estrellas Pléyades reaparecían en el firmamento, el 9 de junio. Mes en el que además se celebraba una fiesta por la producción del chuño, llamada “Oncoy Llacsiti” en Huatamanga, Perú.

Sin embargo, según el cronista Juan Betanzos, el Inca Pachacutec dispuso que se hiciese una gran fiesta dedicada al Sol, que comience en mayo (y no en abril) cuando se empezaba a cosechar el maíz y dure hasta fines de junio. Llamó a esta fiesta “Yahuarincha Aymoray” y mandó que se hiciesen “grandes sacrificios”. Este prolongado festejo también es considerado erróneamente como el Inti Raymi de junio, pero es obvio que se trata de la fiesta de la cosecha, que según otros cronistas solo fue llamada “Aymoray” y era celebrada en mayo que se denominaba “Aymorayquiz” o “Aymorayquilla” (mes o luna de Aymoray), y no en abril como indicó Segovia.

Esta divergencia se debería a que esta fiesta habría sido movible entre fines de abril y principios de mayo por efecto de los calendarios lunares que usaban los incas y que son variables. Siendo este uso atestiguado por cuatro indígenas quipucamayocs o guardianes de los quipus, en un informe dado en el Cuzco en 1542. En este sentido, existe el testimonio de una fiesta de la cosecha de papas realizada en mayo de 1547 en Lampaz, Perú, cuando había luna llena (Cieza de León, 1553),

En la actualidad, estas fiestas de la cosecha en ciertas zonas andinas peruanas, y en algunas poblaciones aymaras de nuestro país, donde la llaman “Aymura” (Un costal lleno), se realizan en la festividad católica de la Santa (Vera) Cruz, el 3 de mayo (Van den Berg, 1990).

Y esta fiesta también es celebrada en la zona sur de la ciudad de Cochabamba, aunque como un festejo de la fertilidad, pero en su origen habría sido una fiesta inca del “Aymoray” o de la cosecha (Rocha, 1990). Además, esta festividad de la Santa Vera Cruz es considerada como el “año nuevo” por los campesinos quechuas cochalas, según “El calendario agrícola en el valle de Cochabamba” publicado en Los Tiempos en 1974 como resultado de una investigación de campo (Ibarra Grasso, 1982).

En consecuencia, podemos indicar que algunas fiestas aymaras e incas de la cosecha o Aymoray, fueron integradas o reemplazadas en la colonia por el cercano festejo de la Santa Cruz.

Si bien se considera algunas fiestas incaicas como el año nuevo agrario, su realización habría sido un evento movible entre abril y mayo por efecto de los calendarios lunares utilizados. Tal como sucede con el año nuevo de los chinos, judíos y otros pueblos milenarios que usan calendarios lunares y no solares. Aunque los incas no contaban los años ni tenían el mismo concepto del año nuevo de esas y otras culturas occidentales, como se les atribuye en la actualidad.

EL CORPUS CHRISTI COLONIAL Y LAS FIESTAS AUTÓCTONAS

En la época colonial, el Corpus Christi fue la fiesta católica más importante y popular en España y en Hispanoamérica, porque además de la procesión de la custodia, santos y vírgenes, incluía elementos festivos como comparsas de danzarines disfrazados de diablos y animales, representaciones teatrales y el desfile de la Tarasca, gigantones y cabezudos. La Tarasca era una especie de dragón mítico, que según la leyenda Santa Martha domó e hizo que se ahogase en el río Rodano salvando al pueblo de Tarascón, Francia.

Esta fiesta del Corpus Christi movible entre mayo (21) y junio (24) permitió a los incas y a otros indígenas realizar sus propios rituales religiosos en ella, bailando sus diferentes danzas ceremoniales según observaron algunos cronistas. De modo que algunas fiestas autóctonas se integraron o fueron reemplazas por el Corpus. Pero, estos elementos festivos hispanos e indígenas fueron proscritos oficialmente del Corpus entre 1765 a 1780, aunque subsistieron en algunos lugares, como las danzas de la fiesta del chuño, que fueron presenciadas por George Squier (1877), junto con una procesión del Corpus nada menos que en Tiawanaco. O como en Cochabamba, según la descripción de un Corpus escrita por Nataniel Aguirre en su novela Juan de la Rosa (1885), en el cual: “Hubo tarasca y gigantes, lechehuairos y tactaquis”, diablos y otros danzarines disfrazados.

Hoy todavía desfilan la Tarasca, gigantes y cabezudos en el Corpus de varias ciudades españolas y europeas, y bailan comparsas de diablos en esta fiesta en algunas ciudades de Panamá, Colombia y Venezuela. En el Cuzco, el Corpus reemplazó en la colonia a la fiesta de la cosecha inca, y las procesiones de santos y vírgenes sustituyeron a las de sus momias; y hoy, se lo sigue celebrando con participación indígena y como un espectáculo folclórico de gran atractivo turístico como el Inti Raymi. (*)Jaime De La Fuente Patiño es Investigador de Historia.



Provincias El Torno y Colpa reviven tradiciones

El Torno, municipio distante a 32 kilometros de la ciudad de Santa Cruz, festejó ayer su Día de la Tradición.

Como todos los años, el evento comenzó en horas de la mañana, una caminata desde los límites de la comuna con la localidad de Puerto Rico hasta la plaza principal del municipio.

Como parte del programa de festejos, los organizadores realizaron juegos típicos, se eligió a la reina de la tradición y a la soberana de los cítricos.

Colpa Bélgica también estuvo de fiesta. Otro municipio que también estuvo de festejo fue Colpa Bélgica, que celebró su décimo segundo día de la tradición.

Wálter Tórrez, coordinador de este evento, señaló que el municipio recibió cerca de 5.000 visitantes, que disfrutaron del sabor de comidas típicas del oriente.

Los festejos empezaron desde las 10:00 con la tradicional cabalgata a caballo.

Cerca de 100 jinetes recorrieron a paso elegante, la plaza de este municipio hasta el colegio de la zona Lorgio Vaca, ubicado en las afueras de este tradicional municipio, que se encuentra a 38 kilómetros de la capital oriental.

Friday, July 25, 2014

Creyentes esperan inicio del mes de la Pachamama

El responsable de la Unidad de Descolonización y Ritos Ancestrales del Municipio, Juan Luis Ballón, aseguró que el mes de agosto, en el mundo andino y de acuerdo a las costumbres aymaras, es conocido también como el Lak’an P’ajsi, que significa “Mes de hambre de la Pachamama.

De acuerdo con la explicación del funcionario de la repartición municipal, esta actividad, que es realizada todos los años en esta época, está enraizada en el mundo andino y aymara, por lo que son fechas que de manera sagrada vienen recordándose en favor de la Pachamama.

“El mes de agosto es una fecha muy importante, para nosotros los aymaras porque es conocido como el mes donde la Pachamama, comienza a tener hambre y es muy celosa, por lo que son dos aspectos de las que hay que cuidarse, como es conocido el Lak’an P’ajsi. Si no se le brinda todas las atenciones con las wajtas, las lokhojtas y la wilnacha, suceden muchas cosas y es por eso que en ese mes inclusive suceden accidentes de todo tipo, especialmente en las carreteras”, manifestó.

Por otro lado, Ballón señaló que las wajtas, las lokhojtas y la wilnachas no solamente se deben realizar en sitios como las cumbres, lugares donde anteriormente habrían sucedido accidentes, sino el sitio principal para el efecto y donde más acuden las personas que tienen fe en los rituales a la Pachamama es la Warack’o Apacheta, que está situada en el kilómetro 17 de la carretera a Oruro.

Los principales objetivos por los que acuden las personas a estos sitios sagrados del mundo aymara es, primero, para agradecer por todo lo recibido durante al año anterior y para muchos es el momento preciso para también hacer llegar las ofrendas a esta deidad para que en lo posterior puedan continuar recibiendo todo lo que se pedirá en el mes venidero.

INICIO DE LA ACTIVIDAD

Por otro lado, el experto de la Unidad de Descolonización y ritos ancestrales del Gobierno Autónomo Municipal de El Alto también indicó que para la realización de todas estas actividades el inicio de las mismas se ha programado para el próximo sábado 27 de julio, donde a partir de las 23:30 de la noche, se dará comienzo al mes de las wajtas, lokhojtas y wilnachas, para lo cual muchos de los amautas que participan de la actividad se trasladarán hasta el lugar sagrado conocido como el Warack’o Apacheta, donde se realizan las ofrendas.

“Este Warack’o Apacheta, para nosotros es sagrado, porque según lo que sucedió desde hace muchos años atrás es que al margen de que en este sitio mucha gente de nuestros antepasados lo consideran sagrado, porque es recordado como una Wa’ka, lugar sagrado, porque cuentan que nuestros antepasados hacían llegar a sus animales al lugar para que se sanen y por eso también es conocido como milagroso”, finalizó.

Thursday, July 24, 2014

Amautas iniciarán ritos ceremoniales por agosto

El representante del Consejo de Amautas Indígenas del Tahuantinsuyo, Víctor Machaca, informó que este sábado se dará inicio a las actividades que caracterizan al mes de agosto con ritos ceremoniales, como la Wilancha en Warack’o Apacheta.

Asimismo, aseguró que para esto se harán presentes en el lugar más de 100 amautas de todo el país.

De acuerdo al amauta, esta actividad se realizará en uno de los principales sectores del kilómetro 17 de la carretera a Oruro, conocido como Warak’o, donde llegan al sector personas de diferentes lugares de la ciudad de La Paz y de las provincias, entre las cuales en su mayoría son gente de negocio, quienes en algunas ocasiones asisten a la zona para agradecer, devolver o pedir favores con la intención de que les vaya bien.

“Para nosotros esta fecha de agosto es el inicio de las wajtas y lokhtas a la Pachamama, donde no solamente asisten nuestros paisanos, sino que de manera continua asisten a este lugar ciudadanos de países como Argentina, Venezuela, Ecuador y Perú, quienes no solamente llegan al lugar a hacer turismo, sino que en anteriores años ya estuvieron en la Apacheta para agradecer a la madre tierra por los favores recibidos”, manifestó Machaca.

Para el efecto, según recuerda el Amauta, una de las apachetas más importantes del departamento es la Warak’o, un lugar que tiene más de 70 años de existencia, donde la tradición comenzó cuando en el mes de agosto, luego de un accidente, se construía la carretera a Oruro fallecieron varias personas que estaban a cargo de la apertura de dicha vía, entre ingenieros, obreros y tractoristas, producto del cual los familiares de los que perdieron la vida comenzaron a visitar el lugar como un homenaje primero con ofrendas florales.

Para el 26 de julio, día en que se iniciará la actividad, se tiene la realización de ritos ceremoniales individuales, colectivos y comunitarios y la wilancha, con el principal objetivo de que durante todo el mes de agosto los amautas que asistan tengan un trabajo fructífero, debido a que la labor de dichas autoridades aymaras contarán con un programa intenso de ceremonias.

Mientras para este mes la actividad comenzará hoy con un seminario en la Alcaldía Quemada durante la mañana, y de esta manera se dará inicio a toda la actividad de las wajtas y lokhtas, para todas las personas creyentes en la Pachamama y la madre tierra.

Luego de la actividad, durante todo el mes de agosto, termina la primera semana de septiembre con una wajta y lokhta y wilancha, como signo de agradecimiento por toda la actividad del mes de agosto que también es conocido en el mundo aymara como el lak’an p’ajsi.

Sunday, July 20, 2014

“Santa Anita” el arte de lo diminuto…

E n julio de cada año se celebra en nuestro departamento la época de Santa Anita, un tiempo en el que chicos y grandes se dedican a crear o a comprar cosas pequeñas, y pese a que el evento se concentra en la calle Cochabamba desde muchos años, pudimos registrar en los pasados días que la actividad en los barrios ya ha comenzado.

Autos, casas, herramientas, ropa, figuras de animales, hasta la comida típica: todo se puede convertir en pequeño en la época de Santa Anita, que evoca a cada tarijeño recuerdos de la infancia arraigados profundamente, cuando se iba de la mano de los padres a la calle Cochabamba a recorrerla cuesta arriba y cuesta abajo, buscando objetos pequeños que a medida que avanzan los años van multiplicándose y modernizándose.
En los barrios ya es Santa Anita, y prueba de ello es que las madres dejan a los niños salir a la vereda a vender o sortear pequeñeces, entre ellas las ropitas que son muy tradicionales y se crean entre madres e hijos desde inicios de mes, no tanto por lucrar sino más que todo por compartir la cultura lo que fortalece los lazos de generación a generación.
“El Diablo Suelto”, como suplemento que procura rescatar cada muestra de nuestra cultura chapaca, recorrió distintos lugares logrando captar en fotos momentos de Santa Anita, como ser la venta de ropitas y de postres o comida típica, que hicieron a todos hablar en diminutivo, por lo que esperamos mostrarte más de la historia y esta peculiar tradición en nuestras próximas ediciones.

El “rosquete”, identidad de San Lorenzo

L a pasada semana se realizó el primer evento cultural en la población de San Lorenzo, como parte de su mes festivo, actividad que estuvo llena de los sabores típicos de la región, haciendo énfasis esta vez en el conocido “rosquete”, un alimento que según nos comentaron existe desde tiempos pasados producto del legado dejado por las primeras generaciones que habitaron esa región.

Desde horas 09:00 nuestro equipo de prensa siguió de cerca la actividad, que empezó desde temprano cuando las señoras llegaban una a una en distintos medios trayendo grandes canastas tapadas con manteles blancos que al retirarse dejaban ver los rosquetes recién horneados, a los que a medida que llegaban los clientes les untaban una crema blanca de contextura viscosa.
El precio de los mismos oscilaba desde 3.50 Bs. hasta los 5 Bs., sin embargo también las productoras vendían otros dulces como las “hojarascas” y las deliciosas “empanadas blanqueadas” hechas con un dulce que se extrae del fruto de una planta llamado “lacayote”. Todos los alimentos expuestos según pudimos constatar de parte de las vendedoras se realizaron durante la madrugada, por lo cual se sentía un sabor muy fresco al degustarlos.
En esta edición rescatamos la tradición de San Lorenzo, un lugar con mucho potencial turístico que paradójicamente no presenta un plan de fomento conciso pero logra por el esfuerzo de su gente humilde, llamar la atención de quien visita Tarija o de los mismos ciudadanos que asisten a sus restaurantes preferidos cada fin de semana, debemos además mencionar el buen trato que se recibe cuando uno visita la población.

Centenares acuden a las Alasitas que muestran variedad

La convivencia familiar se pone en evidencia en la feria de Alasitas en la zona de La Rotonda, a donde centenares de personas se volcaron este fin de semana para disfrutar de los juegos, las miniaturas, las masitas y a adquirir algunos artículos para el hogar, ya que además se ofrece desde plantas hasta edredones.
A pocos días de concluir, la feria de la miniatura se llena de visitas de la población y, especialmente, de los niños, los que aprovechan las últimas horas del receso invernal.
Con más de 2.300 comerciantes asentados en varias calles de la zona de Noria Alta, la feria de las Alasitas congrega no sólo miniaturas, sino también prendas de vestir, accesorios y artículos para el hogar como edredones y otros.
Oficialías de Registro Civil para el matrimonio de parejas, lectura de “suerte”, futbolín y muchas opciones más cautivan a los visitantes, a pesar de saber que la feria continuará a partir del 23 en Santa Ana, acuden a la de la Virgen del Carmen, ya que muchos de los comerciantes no se quedan en la ciudad y prefieren viajar a las Alasitas de Tarija.
Unos de los sectores más concurridos, son los de los juegos que aglutinan a un gran cantidad de jóvenes y niños, especialmente por los futbolines.
La Intendencia Municipal junto a la Policía y la Unidad de Espectáculos Públicos anunció el incremento de efectivos en el lugar para el control y la seguridad de los visitantes, al ser una feria con gran afluencia.
Por su parte, la presidenta de Artesanos Viajeros de Bolivia, María Portales, invitó a la población a acudir a la feria y apoyar al sector artesanal de las miniaturas.

En la ciudad

Posterior al 23 de julio, la feria se trasladará a la zona de Santa Ana para luego concluir en San Roque, como tradicionalmente se acostumbra en la ciudad.