Monday, August 31, 2015

El Lari-Lari

Cuentan que el Lari-Lari, cuya apariencia era similar a la de los animales fabulosos, tenía alas de cuervo, cabeza de gato montés, colmillos de leopardo, cola de lagarto y patas terminadas en pezuñas de macho cabrío. Su tamaño era superior al de un felino salvaje y su olfato, más desarrollado que el de un perro policial, le permitía oler a la distancia a un niño recién nacido.
No se lo veía de día, excepto cuando se daba un eclipse de sol. Sin embargo, apenas caía el velo de la noche, salía de su guarida, desplegaba sus alas y volaba hasta cualquier pueblo del norte de Potosí, donde podía atrapar a los niños de pecho, que eran sus presas preferidas. La gente se percataba de su presencia cuando escuchaba sus pisadas en el techo, acompañadas de unos extraños rugidos que hacían estremecerse de miedo.
El Lari-Lari detenía su vuelo rasante sobre una vivienda, desde donde acechaba a los niños que todavía no habían sido bautizados, porque los más grandes, que habían recibido el agua bendita en la pileta bautismal, le causaban mareos, vómitos y dolores en todo el cuerpo.
Algunas veces, caminaba de techo en techo, dando saltos como un canguro o zapateando igual que un gallo, hasta que, de pronto, se detenía atraído por el olor de un niño que tenía pocos días de nacido. Si éste estaba solo, aprovechaba la ausencia de su madre para bajar del techo y meterse en la habitación. Luego se acercaba sigilosamente hacia su presa y tarareaba canciones de cuna, con una voz dulce y armoniosa, muy parecida a la voz celestial de los ángeles.
Una vez que el niño se quedaba dormido, con el mismo placer que sentía al ser arrullado entre los cálidos brazos de su madre, el Lari-Lari hincaba sus afilados colmillos en la faja y, sin que nadie lo notara, se lo llevaba volando por encima de los techos, como un viento que llega, se va y se pierde.
Así hizo muchas veces, hasta que una noche, en que dejó sus patas marcadas en los techos, como si hubiesen sido estampadas con hierro candente, se detuvo en una de las viviendas, donde detectó a una preciosa niña, que estaba sola, envuelta en un aguayo y recostada sobre un camastro hecho con cueros de cabra.
El Lari-Lari, seguro que tenía a su presa entre ceja y ceja, se relamió la boca con su lengua viperina y saltó del techo para meterse en la habitación, pero tuvo tan mala suerte que, como empujado por un soplo divino, cayó sobre un cuerno de toro empotrado encima de la puerta, donde quedó ensartado y balanceándose como el péndulo de un reloj de pared.
Los padres de la niña y los vecinos, al escuchar los alaridos de dolor del Lari-Lari, aparecieron con palos, cuchillos, antorchas y cartuchos de dinamita, decididos a acabar con la vida del animal inmundo que se robaba a los niños para comérselos huesos y todo.
Cuando los vecinos lo vieron ensartado en el cuerno de toro, que el padre de la niña empotró a manera de adorno en la fachada, entre la puerta de madera y el techo de calamina, el Lari-Lari actuó con la misma astucia de siempre, al saberse que estaba en peligro; agitó la cola, las orejas y se puso a llorar como una criatura de pecho.
Los vecinos, que en un principio estaban decididos a lincharlo en el acto, sin mayores preámbulos ni contemplaciones, se detuvieron a cierta distancia hipnotizados por la mirada del Lari-Lari, en cuyos rasgados ojos se prendió una lumbre parecida al de los diablos.
Ese fue el instante que aprovechó para zafarse y escapar con la agilidad de un gato de siete vidas. Los padres de la niña y los vecinos que acudieron al lugar, armados con lo que tenían a mano, no pudieron hacer nada, salvo contemplar cómo ese esperpento de la naturaleza, luego de echar escupitajos contra los cuernos, se dio a la fuga delante de sus ojos.

Aunque el Lari-Lari se salvó de ser linchado, los pobladores del norte de Potosí, que durante años vivieron atemorizados por su inesperada y dañina presencia, aprendieron la lección de que el mejor amuleto para espantarlo eran los cuernos de toro, por eso los vecinos pusieron cuernos en el techo de sus viviendas, convencidos de que el Lari-Lari las temía como el demonio le teme al crucifijo.
Desde entonces, la calma volvió a reinar en los pueblos del altiplano, las madres dejaron de preocuparse por sus hijos recién nacidos y los vecinos no volvieron a saber nada del Lari-Lari, un monstruo maligno que, de no estar muerto, debe seguir todavía causando estragos en otros pueblos, donde las viviendas no tienen cuernos en el techo.

Algo más que etimologías: Pachamama (parte 2)

Es curioso que en ningún acápite de los escritos de los cronistas se haga mención de la hoy consabida divinidad, resultando hoy mismo escasa la producción de filósofos, antropólogos, arqueólogos e historiadores para precisar su origen, pues hasta el diccionario de Montaño Aragón nada aporta al proponer la sustitución de la voz Pachamama por la de Mamapacha, siendo la palabra ‘mama’ ajena al vocabulario aymara o quechua.
No obstante, la enciclopedia de historia boliviana del máximo indagador de la época virreinal, Joseph Barnadas, al mencionar que a la llegada de los españoles, los originarios comienzan a invocar a la Virgen María, refiriéndose a ella como wirjina o mejor Wirjinmama, bajo la advocación de Santa Tierra (¿es decir Madre Tierra?), nos brinda una pauta en torno a una divinidad mucho mayor y más antigua, con la cual a veces se la confunde, y que inclusive puede ser nombrada como Madre de Dios, puesto que el supremo hacedor del mundo (Wiracocha) emerge de sus aguas para efectuar la creación del cosmos…
Esta divinidad es la Tayka (Madre), representada por una sirena que subida sobre un promontorio rocoso vislumbra sobre las aguas del Titikaka la primera luz del entendimiento humano, imagen que nos remonta a los albores de la religión (del latín re-ligare) en las grandes civilizaciones de la humanidad, a través de la metáfora de la primera colina o montículo de tierra (en algunas culturas encina) que emerge del elemento primordial en el génesis de vida para conectarse a los cielos.
Según investigaciones arqueológicas, la primera deidad en venerarse en la región del Titikaka fue la Madre de las aguas y de los peces, al encontrarse en tumbas tiwanakotas pequeñas piezas metálicas (ver el Museo del Oro de La Paz), que ornaban las numerosas puntas de trenzas en las momias de sus dignatarios con una representación semejante a la Diosa Madre de tiempos babilónicos, la sirena que sostiene sus pechos con ambas manos. Similares piezas únicas en bronce, las ostentan en vida los Chipayas (“lauraque” en voz uru significa sirena), heredadas a través de siglos por sus antepasados.
Esta divinidad guarda cierto paralelo con el culto que los primitivos Guanches de las Islas Canarias —considerados sobrevivientes de la desaparecida Atlántida— que a través de vestales en galerías subterráneas tributaban a la Gran Madre, hija del dios de los océanos (Neptuno) y de la diosa de la tierra (Gea), representada por una sirena. En Brasil, todavía se rinde culto en el día de la Candelaria (2 de febrero) a Imanya, diosa de los mares, lanzando a las aguas ofrendas de pétalos y perfumes. En la misma fecha, en Anghasi (costa cercana a Quito), se realizan danzas con máscaras de pescado y faldines con escamas, en posible alusión a la Madre de las aguas. De manera aleccionadora, el padre Carlos Crespi exhibió en el siglo pasado una pieza arqueológica de sirena portando en brazos un “niño pez”, que en el Titikaka los misioneros fieles al mito europeo habían sustituido por una guitarra.
La Taika fue la divinidad mayor de Taipykhala, la “Ciudad Eterna” de Tiwanaku, donde se levantó en su honor la bella estela, de más de 7 metros de alto, 1,20 de ancho y 20 toneladas de peso, ornada con larga y abundante cabellera de menudas trenzas y llamativo cinto con cangrejos de mar, que erróneamente fuera bautizada en 1932 por Bennet como monolito Pachamama, pues encima del atrio del templo cristiano se observa una cola de sirena invertida tallada en piedra, que de manera inconfundible la identifica.
Como divinidad de los Urus (el grupo étnico que se considera sobreviviente del diluvio) aparece la Pachamama por primera vez en la versión de una ñusta que libra de gigantescas calamidades a la región (el sapo, la serpiente, los ejércitos de hormigas y el oleaje que convierte en el apacible lago Uru-Uru). En otro mito precolombino, la misma deidad forma con la leche que mana de sus pechos el gran salar de Uyuni antes de convertirse en el volcán Tunupa.
Al surgir el culto a la Pachamama como mensajera de la diosa anterior, que le transfiere la cualidad fecundadora del líquido elemento a los surcos de la tierra, cual si se tratara de semen al vientre materno, se comienza a emplear el nombre castellanizado con que se la conoce a partir de la época virreinal —identificada con la Virgen María en el barroco mestizo de la época— representada en forma de un cerro que se alza de la tierra hacia los cielos…
Aunque se desconoce si alguna vez tuvo designación nativa, ahora que la Pachamama cuenta con el aval de la ONU al haberse establecido el día mundial de la Madre Tierra, es conveniente que la Academia de la lengua incluya la voz en su mentado diccionario.

Despidiendo agosto Entregaron ofrendas a la Pachamama

Con una ofrenda o wajt’a entregada a la Pachamama, agradeciendo por un nuevo ciclo, muchos creyentes despidieron el mes de agosto. La actividad se la realizó en diferentes puntos del departamento paceño, uno de los lugares concurridos fue El Prado, donde Tiburcia Ilayaquita, presidenta a.i. del Consejo Espiritual de los Yatiris, Amautas Ancestrales del departamento de La Paz preparó una mesa.

“Vamos a agradecer a la Pachamama, le damos una wajt’a con mesa, la mesa contiene diferentes semilla de quinua y todo eso”, sostuvo.

Explicó que las ofrendas forman parte de la cultura, de ahí que es usual realizar o preparar mesas de ofrendas a la Pachamama.

Según los creyentes, el mes de agosto está dedicado a la Madre Tierra, la cual espera recibir las retribuciones por los favores que realizó.

Los amautas preparan las mesas, queman elementos como dulces, lana, koa o planta milenaria y aromática del lago Titicaca, grasa de llama o “untu”, papel picado, semillas, entre otros.

Aquellos ritos no sólo fueron realizados en El Prado paceño, sino en las casetas de la Ceja de El Alto y la Ballivián, en la autopista, en la denominada “curva del Diablo”, entre otros.

Revalorizan juegos de antaño

La Feria Dominical de las Culturas se llenó de alegría cuando los adultos mayores enseñaron a la niñez y juventud los juegos de antaño como las rondas, t’unkuña y otros.

David Luna, quien tiene el título de “Abuelo 2015”, recordó que los juegos de antaño, que en la actualidad fueron desapareciendo, eran beneficiosos para la salud, ahora estar sentado frente a un monitor de televisión para divertirse no es saludable.

“Antes era hermoso, el deporte, el juego, ahora ven la tele, aprenden malas cosas”, sostuvo Luna.

De ese modo en el rincón del Adulto Mayor de la Feria Dominical de las Culturas se realizó un festival de juegos de antaño con la finalidad de crear un ambiente intergeneracional.

En la oportunidad también se vio juegos con trompos, ligas, sogas y otros materiales, la gente participó activamente. Muchos jugaron por primera vez, otros también recordaron su infancia.

De ese modo la Alcaldía cerró la celebración del Mes del Adulto Mayor en la Feria Dominical de las Culturas que se realizó en El Prado de la ciudad de La Paz.

Thursday, August 27, 2015

Cotagaita será centro de celebración andina en el mes de la Pachamama

- Con el objetivo de revalorizar el acervo cultural del municipio de Cotagaita, capital de la provincia de Nor Chichas del departamento de Potosí, el Viceministerio de Descolonización celebrará el sábado una wajt”a (ofrenda a la Pachamama-Madre Tierra) como símbolo de la recuperación de las costumbres culturales en la denominada Ruta de la Chaskañawi

“Con ese propósito el Concejo Municipal de Cotagaita está emitiendo una resolución municipal donde declara ‘Mes de la Madre Tierra’, para lo cual el Viceministerio de Descolonización ha coordinado acciones para que se realice un agradecimiento a la Pachamama con la participación de toda la mancomunidad de Nor Chichas”, informó el director general de la Administración Pública Plurinacional del Viceministerio, Marvin Molina.

Explicó que la Ruta de la Chaskañawi es la recuperación y rehabilitación de ese patrimonio cultural, en el marco de la lógica de descolonización.

Agregó que a través de esa ruta se trata de articular todo el componente patrimonial que tiene la mancomunidad de Chichas, conformada por los municipios de Villazón, Tupiza, Atocha, Vitichi y Cotagaita.

“Es el proyecto que tratamos de impulsar. Hemos coordinado para revalorizar las costumbres chicheñas tomando en cuenta que son pueblos pachamamistas. Son pueblos católicos que han guardado relación con la Madre Tierra o Pachamama”, añadió.

Molina aseveró que con el apoyo de la Dirección de Patrimonio Cultural del Ministerio, se logró catalogar 350 bienes culturales, que constituyen las obras del centro histórico de esa región que se encuentran distribuidas en la Iglesia, la Casa Museo, la Casa Consistorial, en el Cementerio Patirana y de la iglesia de Vischacla.

Según el Ministerio de Cultura, a esta celebración andina asistirá el Viceministro de Descolonización, además de autoridades de los viceministerios de Justicia Indígena, de Autonomías Indígenas, Desarrollo Rural, del Gobierno Autónomo Departamental de Potosí, Alcaldía Municipal y asambleístas de la región.

Monday, August 24, 2015

Algo más que etimologías: Pachamama

Del aymara, derivado en quechua, Pacha: palabra primordial que significa hacedor del mundo, y la voz españolizada mama: madre. Es la diosa de la tierra, esposa y hermana de Willka, el sol que la fecunda eternamente para que brinde frutos, reproduzca el ganado y oriente el trabajo de hombres y mujeres hacia el buen vivir (o vivir bien). Engendra vida, fecunda los campos y protege la naturaleza como fuente vital de prolongación de la especie. Dentro del espacio-tiempo andino, la Pacha representa la dimensión temporal del continuum pasado-presente-futuro: lo mismo joven y virgen que anciana madre (awichamama), que se renueva sin cesar, brindando cobijo y sustento diario a todos, junto a los achachila (antepasados), por lo cual también se la considera protectora del hogar, la vida familiar y su economía.
Luego de la creación, cuando según la leyenda el Supremo Hacedor (Wiracocha), desde el Titikaka hace subir a los cielos el Sol, la Luna y las estrellas, aparece como deidad secundaria protectora de la naturaleza. Sin embargo, al pasar su culto al Tawantinsuyo como esposa de Pachajcamaj (principal divinidad inca), que declarándose los monarcas del imperio, descendientes de Inti (“con deficiente integración en la teología solar”, a decir de Barnadas) pierde toda sacralidad, pasando la Pachamama de su simple intermediaria a ser ella misma objeto de ofrenda, como divinidad mayor gestora de la vida.
Un magnifico documental difundido en la TV por History Channel, la presenta como la más joven y bella pretendiente de los dioses, que tras la derrota que su hermano Pachacamaj (dios del cielo) inflige a Huacon (dios del fuego), la pareja reina dichosa en el Hananpacha (orbe de arriba) y tiene dos vástagos gemelos (hombre-mujer) que dentro la dualidad andina llevan un mismo nombre (Willka).
Sin embargo Huacon, llevándose consigo el fuego, con rencor vengativo baja al plano terrenal para quitar el agua y convertir la tierra en un desierto, por lo cual Pachacamaj baja a la región de los Andes, donde en un nuevo combate lo derrota, pero cuando volvía a su reino en un desfiladero, resbala y cae en un lago cercano a Lima (Lurin) para convertirse en agua, sumiéndose los cielos en tinieblas con su desaparición.
Pachamama con sus hijos baja a la tierra a buscarlo, sin sospechar el trágico destino que le aguarda al dirigirse hacia el único punto de luz que se distingue entre las sombras, donde le aguardaba el terrible Huacon que los cobija, y mientras envía a los niños a traer agua la mata y se la come, pero como los dioses no mueren se transforma en la Madre Tierra, para restablecer en forma de monte la luz en la tierra y los cielos...
Imposibilitada en la nueva condición de socorrer a sus hijos, la Pacha envía un pajarillo que les advierte huyan del “Tío” que busca devorarlos, y al llegar la noche encarga a la zorra los guarezca y alimente en su guarida. Huacon que los estaba persiguiendo, al preguntar la mañana siguiente sobre su paradero al cóndor, el jaguar y la serpiente, estos animales (sagrados entre los incas) le dicen que suba a la parte más alta y grite sus nombres para que ellos acudan; pero la tierra tiembla y precipita al dios del fuego en el inframundo. Por su parte, el Padre le los dioses tiende a los gemelos una cuerda de oro para subirlos al cielo convertidos en la pareja sagrada del Sol y la Luna, que inicia la dinastía de los Incas en el plano terreno…
En la capital del Tawantinsuyo, el templo principal de Pachamama se levantó al sur de Cusco, hoy zona Wanchaj, y la fiesta central de la Madre Tierra, llamada Pachamama Raymi, se celebraba cada primero de agosto. En la actualidad en el distrito de K’atqa (provincia Quispicanchis), se realiza una escenografía ritual con la participación de actores profesionales; comenzando con la convocatoria a los Apus para culminar con la quema del llamado “despacho”. El Diccionario enciclopédico del Qosqo (Cusco, 1995), registra que con una convocatoria cercana al millar de personas de diversas comunidades, “es una fiesta conmovedora y de profunda significación religiosa por el fervor de los concurrentes”.
En nuestros días, la Pachamama es objeto de invocación en la mayoría de los rituales andinos, consagrándose todo el mes de agosto para realizar ofrendas y ch’allas, que comienzan el primer día de mes seguido por el primer viernes, fechas que a decir de los amawtas la tierra se abre y tiene hambre, ofreciéndole mesas para atraer la suerte en los negocios, salud, estudio, amor y viajes; lo mismo que para retribuir los favores recibidos durante el año anterior.

Saturday, August 15, 2015

Tradicional Corrida de Toros festeja a Bolivia en Vinto


La adrenalina, la emoción y la fiesta vuelven a Vinto junto con la tradicional Gran Corrida de Toros, organizada por la Asociación Taurina de Vinto, cerrando las actividades de festejo por el centésimo nonagésimo aniversario de la Independencia de Bolivia.

Vinto, distante a 7 kilómetros de la ciudad de Oruro, será el escenario por dos días, sábado 15 y domingo 16 de agosto a partir las 14:00 horas, con la participación de los mejores toreros de Bolivia y Perú, quienes se enfrentarán a 20 bravos toros de pura casta de Colombia, Perú y Bolivia, gracias a la Ganadería Wara de Edson Challapa, Maximiliano Quispe y Wilson Guarachi, quienes se encargan de criar a las bestias para este tipo de espectáculos.

El responsable de prensa y propaganda del Comité de la Asociación Taurina de Vinto, Cristian Echenique Pacheco, expresó que es una oportunidad de recuperar una actividad que se iba perdiendo, pero que es parte de las tradiciones del pueblo orureño.

Según recordó esta actividad viene desde sus antepasados, buscando una forma de distracción para la sociedad, espacio en el que las familias orureñas disfrutaban de una actividad que genera mucha adrenalina, en esta oportunidad se espera que no sea la excepción.

Uno de los principales atractivos para el público asistente es el "infalme", que consiste en amarrar al cuerpo del toro un monto aún no determinado de dinero y aquella persona que tenga la valentía de enfrentarse al animal y saque el dinero de su cuerpo, se queda directamente con el efectivo. Será una tradición que se recuperará de mucho tiempo.

Esta actividad ya se vivió el pasado junio, con gente de la Escuela Boliviana de Toreros del departamento de La Paz, donde uno de los valientes recibió una embestida con suerte pues terminó de pie su faena.