Tuesday, October 21, 2014

Bizcochuelo simboliza el colchón en el que descansarán las almas

"Los bizcochuelos de Todos Santos tienen un significado especial”, según Julia Quispe, vendedora de masas y t’anta wawas en la zona de San Pedro. "Es muy inflado, acolchado. Sirve como almohada y colchón para los difuntos que nos visitan. Es para que descansen de su viaje”, contó. Como ella, muchos apuran la elaboración de las masas para la festividad del 1 y 2 de noviembre.


La tradición boliviana añade significados a cada pan que se colocará en la mesa de los difuntos: desde las escaleras (que ayudan a los difuntos a superar obstáculos y subir al cielo) hasta los animales de carga, como caballos (que llevan el peso de cada alma que llega a la Tierra).

"Cada objeto que se pone en la mesa es para el muerto. Es el único día que viene a vernos, entonces hay que prepararles pancito y chicha para que estén felices también”, narró Julia.
Entre todas las masas de Todos Santos es infaltable el bizcochuelo. La preparación hecha con huevos, almidón, azúcar y singani se cocina en cajitas de papel sábana que se sujetan con pajitas. De allí, su parecido a un colchón o una almohada.

La festividad de Todos Santos ya se vive en las panaderías y hornos. La Boutique del Pan, por ejemplo, elabora t’anta wawas, animales, escaleras, estrellas y muchos bizcochuelos. "Trabajamos las masas tradicionales sólo en estas fechas. Aquí llevamos más de 10 años siguiendo la tradición de recibir a los muertos. Ya tenemos caseros e incluso nos hacen pedidos especiales”, aseveró Lilian Limachi, asistente comercial de la panadería.



Los precios de las masas pueden variar, según el tipo y el tamaño. Galletas o escaleras se venden entre tres y 10 bolivianos. Panes más grandes y con mayores detalles, como los bizcochuelos y las t’anta wawas, pueden costar entre 50 y 70 bolivianos.

En los hogares, la tradición une a la familia. Ése es el caso de Lourdes Loza, quien prepara los panes en esta fecha junto a toda su prole. "Tanto como recordar a los muertos, es un momento para crear nuevos lazos con la familia. Eso es lo lindo de esta tradición: que compartes con tus seres queridos para estar cerca de los que ya han partido”, explicó.

Lourdes recordó que cuando era niña ayudaba a su abuela a hacer t’anta wawas, escaleras, bizcochuelos y para elaborar éstos conserva los secretos . "Antes batíamos los huevos con un cinturón de cuero en un perol de cobre. Lo llevábamos al horno y luego preparábamos las cajitas en la mesa”, contó.
Con huevos, almidón, singani y a veces un poco de refresco (papaya Salvietti es el secreto de ese hogar), esta familia prepara los bizcochuelos, esas masas que servirán de almohada a las almas cuando les visiten.


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