Monday, November 4, 2013

Cochabamba Madres piden a Shirley salud para sus hijos, y los reos libertad

En el Valle Bajo miles de personas veneran a Shirley Quispe. La estudiante de 18 años, embarazada de ocho meses, fue asesinada por su novio. Éste la mutiló y despojó de su bebé. Padres y madres acuden hasta su altar, en Sipe Sipe, para pedirle favores, salud para sus hijos. Reclusos solicitan al alma de esta joven interceder por su libertad.



Shirley Quispe fue una joven estudiante cuya muerte se recuerda como una de las más trágicas en el Valle Bajo. Embarazada -de 8 meses- su enamorado la llevó con engaños hasta una quebrada camino a Inkarraqay. Allí la mató y mutiló. Abriéndole el vientre la despojó de su bebé, a quien también asesinó y lo enterró en la localidad Amiraya, Sipe Sipe.

Han transcurrido más de 10 años desde aquel trágico 23 de julio de 2003 en que su cadáver fue hallado incinerado entre las rocas. Cientos de cartas regalos y recuerdos son dejados en el altar que fue erigido en su memoria. Entre muchas otras, una de las cartas dice: “Para mí, tú y tu bebé son lo mejor, todo lo que te hizo ese desgraciado lo estará pagando poco a poco”.

El enamorado de Shirley, Ramiro Pozo, fue enviado a la cárcel, pero poco tiempo después fue liberado. “No estaba mucho tiempo en la cárcel, porque su mamá lo ayudó a salir, pero se volvió loco, es ése que camina siempre con su chompa roja en Quillacollo”, relata Silvia Mamani, una de las rezadoras en la gruta de Shirley.

Al igual que ella varios habitantes de Sipe Sipe y Quillacollo coinciden con este testimonio. Sin embargo, en la comunidad de Ramiro Pozo sus vecinos dicen que el desenlace fue completamente diferente. “Salió rápido de la cárcel, se casó, tiene sus hijos y vive en la casa de su madre”, aseguró uno de los vecinos en Vinto Chico, que prefiere mantener en reserva su identidad.

Los restos mortales de Shirley y su bebé continúan separados. La madre está en el cementerio general de Sipe Sipe y el de su bebé en Amiraya, donde fue hallado sin vida.

Shirley estaba a punto de salir bachiller y siempre fue la mejor alumna. Tras quedar embarazada, la madre de Ramiro se opuso a que ambos vivieran juntos porque la familia de la joven era pobre, su madre los había abandonado y su padre caminaba como un mendigo.

Tres años después del crimen, el padre de Shirley murió consumido por una enfermedad y sin tener los recursos económicos para curarse y menos para seguir el proceso en contra del asesino de su hija.

“Es irónico porque la gente que llega hasta Sipe Sipe no sabe cómo pagar a Shirley las bendiciones recibidas y le llevan serenatas, compran regalos caros, pero su padre murió como un mendigo”, reprochó un exfuncionario municipal de Sipe Sipe.

El crimen se convirtió en un hecho significativo para la Policía. Hace seis años en la oficina del Comando Regional de la Policía se instaló un pequeño altar en su nombre. En una mesa estaba el cuadro con la fotografía de Shirley, adornado con flores y velas. Tras los reiterados cambios de autoridades, el altar en la oficina del comandante fue retirado; sin embargo, otros similares se mantienen en dos ambientes de estas dependencias.

“Siempre que teníamos casos graves, donde no teníamos ni un indicio para empezar la investigación, le pedíamos a ella: ‘Shirley tienes que ayudarnos’ le decíamos y en el mismo día dábamos con los autores”, relata uno de los capitanes de Policía que en aquel entonces trabajaba en Quillacollo.

En el lugar donde fue asesinada tres altares fueron construidos por quienes la consideran una santa. Entre las muchas cartas y pedidos en su altar, fueron dejadas unas esposas o grilletes de policías, ambas están abiertas.

Silvia Mamani cuenta que las manillas fueron traídas por la madre de un recluso que las dejó abiertas como un símbolo del pedido de libertad para su hijo.

En el lugar también están varias artesanías enviadas desde la cárcel. Uno de los retratos pirograbados pertenecen a un joven que tras salir de la cárcel le llevó ese regalo a la difunta. “El dijo: hace tres meses le mandé mi carta pidiéndole que me ayude a salir libre y ahora que estoy fuera vine a agradecerle”, cuenta Mamani.

Hace unos meses dejaron olvidada una vela encendida provocando un incendio en el altar principal. “Todito se quemó, sus recuerdos, sus fotos”, contó Evangelina Arismendi, quien dijo que rápidamente fue reconstruido por la gente que venera a Shirley.

La única foto que se tiene de Shirley es una en la que viste un guardapolvo blanco, sin embargo en su altar fueron dejados grandes mosaicos, que con la ayuda de la edición digital, ella aparece vestida de princesa y festejando su fiesta de graduación, entre otros.

Entre los cientos de recuerdos y regalos están los ajuares de bebé para su hijo. Hombres que quieren tener un bebé o madres que buscan a sus hijos extraviados, o que piden por su salud, llevan uno de sus ajuares y luego vuelven con más regalos, cuando su deseo fue cumplido.

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